Seguro te tomaron por sorpresa,
te atacaron por la espalda como hacen los cobardes.
Una lloica que no canta.
Te pusieron una mordaza los patrones de fundo…pero el canto no pudieron acallar: resistirá a los años a través de los tuyos que hoy somos todos.
MI HIJA LLORA POR USTED, ÑAÑITA.
Ordenaron amarrar contra tus labios de chilco que atenuó sus colores, telas sucias de odio, sintéticas y cómplices,
sobre tu boca que había dejado brotar tanta pena por la incomprensión hacia la niña asustada que te habitó.
Quisiera imaginar que tus lágrimas son azules,
de aguas transparentes con pequeños peces jugueteando traviesos
ojos/ hijos de de cai cai.
Tus lágrimas se volvieron verdes, sin embargo,
COMO SILENCIO DE MUERTE
El canelo en tus manos te protege hoy, pero no pudo evitar el ataque del wekufe ayer.
Tus lágrimas verdes pesan en nuestros sueños.
Seguro te tomaron por la espalda, valiente guerrera anciana de los bosques, porque la culpa… ¿los dejaría dormir? ¿duermen?
Adormecidos sobre las pantallas siguen su sueño de muerte.
Expectantes agresores cobardes.
Y nosotros no oímos los pájaros volar cuando aquellos te atacaron.
Seguro que envidiaban las ansias tuyas de oler la tierra húmeda y el pasto,
de llamar a los pájaros por su nombre.
Ensombrecidos sobre las pantallas no pueden oler la vida que viviste.
Sumidos en un silencio fangoso, oscuro, los Monstard Adwater enlodaron a su casta.
De eso no cabe duda y no podemos olvidarlo.
Cuando te llevaron, ñañita, la ñuque mapu -espero- te haya recibido en un abrazo amante.
Y aunque tu voz es hoy un eco dolorido de pájaros silentes, de chilcos sin viento danzando entre las ramas, de robles petrificados por el dolor,
aunque tu voz es un canto fragmentado y nos duele la conciencia de la inconciencia, la falta de respeto, la injusticia, los medios que omitieron tu nombre en las pantallas, sabemos que te has multiplicado en nuestras voces y en nuestro llanto.
Mis hijos lloran por ti.
Aquellos, los asesinos y sus cómplices ¿no dormirán tranquilos? Me pregunto.
La pena es que sí pueden, porque no les importó tu nombre ni tu origen ni tu defensa del viento, de las aguas, de los pehuenes.
No les importó que fueras la mujer que lloró de niña por el desamparo y que hoy está envuelta por la infinita tristeza de quienes te buscaron o gritaron tu nombre, de quienes no dejaremos de nombrarte con vergüenza, porque no supimos a tiempo que de río y de piedra te vestías.
Edith Tapia Espinoza
Octubre 2 de 2025







